Cuando el tiempo se detiene

¿Alguna vez has sentido que el tiempo se te escapa de las manos? Que los días se convierten en semanas, las semanas en meses y los meses en años en un abrir y cerrar de ojos? Esta sensación, tan común en la vida adulta, es lo que exploraremos en este artículo.

La infancia: un tiempo sin prisas

Para la mayoría de nosotros, la infancia es una época en la que el tiempo parece discurrir de forma más lenta. Los días son infinitos, llenos de juegos, descubrimientos y nuevas experiencias. No hay responsabilidades ni obligaciones, solo el puro placer de vivir. En esta etapa, el tiempo no tiene importancia, ya que no hay un pasado que recordar ni un futuro que planificar. Solo existe el presente, inmediato y tangible.

El desarrollo del cerebro:

  • Neurogénesis: La infancia es un periodo de intensa neurogénesis, especialmente en los primeros años de vida. Esto significa que se crean nuevas neuronas a un ritmo acelerado, especialmente en áreas relacionadas con el aprendizaje, la memoria y la cognición.
  • Poda sináptica: A medida que las neuronas se conectan entre sí, se produce una «poda sináptica», en la que las conexiones menos utilizadas se eliminan y las más utilizadas se fortalecen. Este proceso es crucial para el desarrollo de la función cerebral y la eficiencia.
  • Plasticidad: El cerebro infantil es altamente plástico, lo que significa que es capaz de adaptarse y cambiar en respuesta a las experiencias. Esta plasticidad es la base del aprendizaje y el desarrollo de habilidades.

La esencia del ser y la conciencia de uno mismo:

  • El desarrollo del «yo»: Durante la infancia, el niño comienza a desarrollar un sentido de sí mismo como individuo independiente. Esto implica la capacidad de reconocerse a sí mismo en el espejo, comprender sus propios pensamientos y emociones, y desarrollar una autoestima.
  • La teoría de la mente: La «teoría de la mente» es la capacidad de comprender que los demás tienen sus propios pensamientos, sentimientos y creencias, que pueden ser diferentes a los nuestros. Esta habilidad se desarrolla gradualmente durante la infancia y es fundamental para las relaciones sociales.

La conciencia de la realidad:

  • Percepción sensorial: Los niños experimentan el mundo de una manera más sensorial que los adultos. Sus sentidos están en constante desarrollo y están absorbiendo información nueva a cada momento.
  • Construcción de la realidad: A medida que los niños interactúan con el mundo, van construyendo una comprensión de la realidad que les rodea. Esta comprensión se basa en sus experiencias y en las interacciones con los demás.

La adultez: la aceleración del tiempo

Al llegar a la adultez, la percepción del tiempo cambia radicalmente. Las responsabilidades, el trabajo, las obligaciones familiares y sociales hacen que los días se llenen de prisas y estrés. De repente, el tiempo parece volar y no hay suficiente para todo lo que queremos o debemos hacer.

Predisposición cerebral en la adultez:

  • Disminución de la plasticidad: A medida que envejecemos, la plasticidad cerebral disminuye. Esto significa que el cerebro es menos capaz de adaptarse a los cambios y a las nuevas experiencias.
  • Neurotransmisores: Los niveles de ciertos neurotransmisores, como la dopamina, la noradrenalina y la serotonina, disminuyen con la edad. Estos neurotransmisores están relacionados con la motivación, la atención y la sensación de placer.
  • Envejecimiento del sistema nervioso central: El sistema nervioso central se vuelve más lento con la edad, lo que puede afectar a la percepción del tiempo.

Impacto de las nuevas tecnologías:

  • Dopamina y estimulación: Las nuevas tecnologías, como las redes sociales, los videojuegos y los dispositivos móviles, pueden estimular la liberación de dopamina en el cerebro. Esto puede crear una sensación de placer artificial y hacer que las actividades cotidianas parezcan menos estimulantes.
  • Atención fragmentada: La constante estimulación y la multitarea pueden fragmentar la atención y dificultar la concentración en tareas que no son tan inmediatas o gratificantes.
  • Falta de novedad: La exposición constante a la información y a las experiencias puede hacer que la vida se vuelva menos novedosa y, por lo tanto, el tiempo parece pasar más rápido.

El tiempo es lo que más queremos y lo que peor utilizamos.»

– Jean de La Bruyère

Más allá de las responsabilidades, las obligaciones y las prisas de la vida adulta, la verdadera realidad del tiempo se encuentra en las cosas pequeñas. En el amor, en la belleza de una mariposa, en la sonrisa de un niño, en un atardecer o en un amanecer. En esos momentos fugaces que no se miden en horas o minutos, sino en la intensidad de la experiencia.

Como dijo el poeta Walt Whitman: «No hay prisa, el tiempo es nuestro.»

Recuperemos la capacidad de disfrutar del presente, de vivir con atención y de apreciar las pequeñas cosas. En ellas reside la verdadera esencia del tiempo. Y para los creyentes, el tiempo también se encuentra en la fe y en la conexión con Dios. Esa conexión que nos da paz, esperanza y un sentido de propósito más allá del tiempo mismo.

En definitiva, el tiempo no es solo una medida externa, sino también una experiencia personal. Depende de nosotros cómo lo queremos vivir. Podemos convertirlo en una carga o en una oportunidad para disfrutar de la vida y de todo lo que ella nos ofrece.

4 comentarios en “Cuando el tiempo se detiene

  1. I don’t think the title of your article matches the content lol. Just kidding, mainly because I had some doubts after reading the article.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *